Algunas personas tratan de cuantificar el tiempo, de analizarlo, de diseccionarlo. Se convierten en piedra.

Alan Lightman

Imaginen que Albert Einstein es un científico con problemas para dormir, con una esposa y un hijo desatendidos, con un amigo fiel llamado Michelle Besso con el que da paseos y va al río. Imaginen que esos problemas para dormir son realmente una incapacidad de cerrar los ojos y no parar de pensar en lo que lo obsesiona: el tiempo. Cada vez que se va a la cama y cierra los ojos y se enajena, le sobrevienen mundos posibles trazados por las distintas formas del tiempo. Imaginen que Albert Einstein sueña casi todas las noches con diferentes velocidades de las horas, los minutos y los segundos.

El 26 de abril de 1905, por ejemplo, soñó que el tiempo no pasaba tan deprisa en las alturas, que los jóvenes habitaban los picos de las montañas mientras que la vejez se veía solo abajo. El 15 de mayo de 1905 soñó que no existía el tiempo, solo imágenes. Un mes después soñó que el tiempo era una dimensión visible y que como pueden verse árboles, podían observarse pedazos de pasado y futuro –el bautizo, la muerte–. Y el 5 de junio soñó que el tiempo era un sentido como la vista o el gusto y entonces existían los sordos del tiempo que eran “incapaces de comunicar lo que saben. Y es que el discurso precisa de una secuencia de palabras, dichas en el tiempo”. 

Todos estos relatos de ficción, escritos por el doctor en física Alan Lightman, están consignados en el libro Los sueños de Einstein. Leerlos juntos deja la sensación de estar en una realidad dictada por la forma en la cual se experimenta el tiempo y que, ante el más mínimo cambio, el mundo como se conoce dejaría de existir. Este libro también parece una hoja de ruta de pensamientos previos a la teoría de la relatividad, una posible consecución de la mente de un científico que llega a una conclusión trascendental. 

Lightman, que fue profesor de astronomía y física en Harvard y en el MIT, escribió seis libros en los que comulgan el arte y la ciencia, pero su libro más reconocido es este. La primera vez que se publicó fue en 1993 y desde entonces no ha parado de editarse en diferentes idiomas. Tal vez es por su forma de acercar a los lectores a la ciencia, nos muestra una manera en la que la física tiene igual importancia que la escritura y la imaginación.

Los sueños de Einstein
Alan Lightman
Editorial Libros del Asteroide 
148 pag.

Tipo de articulo: Reseña