El 12 de abril de 1961, los soviéticos colocan en órbita al cosmonauta Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio exterior, a bordo de la nave Vostok 1, girando una sola órbita alrededor de la Tierra. Inmediatamente después del éxito de la misión de Gagarin, Serguéi Koroliov, el ingeniero directamente responsable del fabuloso inicio del programa espacial soviético, tiene la idea de colocar una mujer en el espacio; está seguro que a sus jefes políticos en el Kremlin les encantará el proyecto. 

Desde el punto de vista científico era importante estudiar la reacción del organismo femenino ante las sobrecargas, la ingravidez y el estado de soledad durante el vuelo. Es decir, se trataba de probar que la mujer puede volar al espacio igual que el hombre, especialmente en un momento en el cual los planes de realizar vuelos a la Luna y a Marte se consideraban posibles con tripulaciones mixtas.

Valentina Vladimírovna Tereshkova nació el 6 de marzo de 1937 en el pequeño pueblo de Masluennikovo, a 200 km al Norte de Moscú.  Su padre era conductor de tractores, su madre trabajaba en la granja; eran una familia muy humilde. Su infancia se vio truncada por la Segunda Guerra Mundial. Durante esta época muere su padre, desaparecido, quedándose sola con su madre y sus dos hermanos por lo cual emigran a Yaroslav. Muy niña, Valentina trabajó en una fábrica de telas al tiempo que realizó sus estudios en el colegio. Luego laboró en una fábrica de neumáticos e inició sus estudios de Ingeniería Técnica Industrial mostrándose como una mujer decidida a superar las dificultades de su entorno.

Tereshkova siempre sintió pasión por volar, así que en 1959, a sus 22 años, se inscribió en un aeroclub de paracaidismo. Saltar fue su afición, y al poco tiempo ya había realizado más de cien saltos. Dos aspectos van a incidir en lo que estaba por suceder. El aeroclub era una organización auxiliar de la Fuerza Aérea Soviética, Valentina abraza con entusiasmo el socialismo y en 1961 solicita su ingreso al Centro de Entrenamiento para Astronautas. Su experiencia en paracaidismo fue decisiva para su elección, pues las naves Vostok no tenían ningún tipo de dispositivo para aterrizar, por lo que era necesario que los cosmonautas fueran ‘despedidos’ de la nave e hicieran el descenso final en paracaídas desde una gran altura.

El proceso de selección de la primera cosmonauta fue de lo más peculiar. Los requisitos fundamentales eran que fueran jóvenes menores de 30 años, con menos de 1.70 de estatura, y con un peso de menos de 70 kg –para poder introducirse en las estrechas cápsulas. De la convocatoria en las fuerzas armadas y aeroclubes resultó una preselección de 400 participantes y una selección final de cinco, incluida Valentina Tereshkova. Todo era secreto, ni la propia madre de Valentina sabía. Las finalistas completaron el curso de entrenamiento. Desde el principio, Tereshkova destacó como factor positivo su buena forma física, pero tenía dificultad para la teoría de cohetes y la ingeniería aeroespacial, aspecto que la dejaba por debajo de las demás candidatas que incluían pilotos expertas. Pero Valentina era talentosa, fuerte y decidida; tenía una gran pasión y devoción por el espacio. En noviembre de 1962 se eligieron las tres candidatas finales: Valentina Tereshkova, Irina Solovyova y Valentina Ponomaryova, la favorita.

Sin embargo, es claro que más allá del valor científico del acontecimiento, lo cual no tiene duda, uno de los objetivos del viaje de la primera mujer al espacio fue un acto de propaganda política del régimen comunista en una misión que debía resaltar el poderío tecnológico de la Unión Soviética en plena carrera espacial, enalteciendo además el heroísmo de la mujer soviética. La decisión era compleja y se dice que el propio Nikita Khrushchev, Primer Secretario del Partido Comunista, seleccionó a Tereshkova. La cosmonauta menos preparada resultó ser la más interesante de cara a la propaganda política. De origen humilde, tenía carisma y actitud, era una comunista declarada  que cumplía cabalmente con los ideales de la nueva mujer soviética. 

El 16 de junio de 1963, a sus 26 años, y a bordo de la Vostok 6, Valentina Tereshkova se convirtió en la primera mujer en viajar al espacio al despegar de la base de Baikonur. Su nombre en clave durante la misión fue Chaika, que significa gaviota. Sus primeras palabras fueron: 

Aquí Gaviota, aquí Gaviota. Veo en el horizonte una raya azul: es la Tierra. ¡Qué hermosa! Todo marcha espléndidamente. 

Yuri Gagarin, el primer hombre en ir al espacio exterior, le dio una vuelta a la Tierra en una hora. Valentina realizó 48 órbitas a la Tierra y estuvo en el espacio por dos días, 22 horas y 50 minutos, más tiempo del previsto, pero según lo reveló después la propia cosmonauta, su viaje fue infernal. Para empezar, la órbita de la nave resultó desviada de la dirección planeada, un problema que pudo haber sido mortal. La comida que le suministraron no fue del todo acertada, el pan estaba excesivamente seco, así que no pudo comerlo, por lo que estuvo hambrienta. Desde el primer día comenzó a sentir calambres por la falta de movimiento, así como un dolor agudo en uno de sus hombros causado por la presión del anillo del casco espacial. A pesar de esto, en las pantallas de televisión se podía ver muy bien como sonreía, intercambiaba bromas e incluso cantaba.

En el momento del aterrizaje en la zona de Karaganda, Kazakhstan, Valentina estaba exhausta, hambrienta y deshidratada. Una vez fue expulsada de la cápsula espacial se dio cuenta que se dirigía hacia un enorme lago, pero un súbito golpe de viento la arrojó hacia la orilla golpeándose la cara contra el casco y provocándole un fuerte hematoma que tuvieron que disimular en el mismo lugar del aterrizaje con grandes capas de maquillaje para su posterior aparición pública.

La impresionante hazaña de la primera mujer en el espacio fue muy bien explotada por los soviéticos, y Valentina Tereskhova se convirtió en una heroína mundial. Ante la polémica sobre el carácter propagandístico de su vuelo dijo: 

Nunca aceptaré el juicio de que el vuelo de la primera mujer cosmonauta fue sólo propaganda. No, porque nos preparamos para ello cabalmente. Llegamos como paracaidistas y nos convertimos en cosmonautas.    

Valentina, por supuesto, fue asignada con varios cargos políticos y recibió múltiples condecoraciones como dos Órdenes de Lenín, Heroína de la Unión Soviética, Medalla de Oro de la Paz de las Naciones Unidas y la más alta distinción posible: la Mujer del Siglo XX. 

En 1997 se retiró de la fuerza área y del cuerpo de cosmonautas, pero nunca olvidó su sueño de volver al espacio, especialmente cuando existían planes de ir al planeta Marte. Decía: 

Si tuviera dinero, viajaría otra vez al espacio, aunque sea como turista, y también volaría a Marte, incluso con billete sólo de ida. 

Ahora, Valentina Tereshkova está retirada en su casa de campo, coronada en su techo con una veleta con figura de gaviota. Después de ella, muchas mujeres de otras nacionalidades han viajado al espacio, pero Valentina sigue siendo la única que vivió esa aventura absolutamente sola a bordo de una nave espacial.