La ciencia es una narración. Miramos a nuestro alrededor y reconocemos patrones, para luego intentar darles un sentido.

Susanna Hislop

No existe un convenio mundial unificado para nombrar las constelaciones; diferentes culturas y momentos de la historia han intervenido para que la unión imaginaria de estrellas en el cielo tenga nombres diversos con historias que responden a sus cosmogonías e inquietudes. En 1922 la Unión Astronómica Internacional -UAI- contrató al astrónomo belga Eugène Delporte para hacer un primer ejercicio de fijar las 88 constelaciones con las que se dividiría el cielo, pero para 1930 se estableció un convenio internacional en el que la cartografía celeste sería ahora trazada no por la imaginación, sino por la división precisa por áreas de la esfera; sin embargo aún son muchos los que salen en las noches a las ventanas, a campos abiertos y a desiertos a buscar esas líneas que los antepasados –cualquiera que sea– alguna vez dibujaron.

La escritora Susanna Hislop y la ilustradora Hannah Waldron hicieron un libro para que no se nos olvide que la historia de la ciencia está conectada con la inventiva y tomaron las 88 constelaciones una vez reconocidas por la UAI para contar sus historias e ilustrarlas. Usaron la mitología griega y romana, los instrumentos científicos y la fauna que Nicolás Louis de La Caille puso en el cielo en 1750 en los lugares donde los mitos no alcanzaron e hicieron 88 piezas –con texto e imagen– para recordar que el cielo y cómo lo hemos mirado cuenta también cómo hemos vivido aquí en la Tierra.

A pesar de llevar un nombre tan técnico como Atlas de las constelaciones, ni lo que cuentan los textos ni las ilustraciones están atadas a la precisión. En cambio, el insumo de la historia y la ciencia se combinan con la cotidianidad, la literatura, el arte y el ingenio para crear escenarios frescos. No solo es Zeus y Hera o los instrumentos científicos o las aves o las bestias, es también la mirada y el día a día y las preguntas que hace alguien que mira el cielo oscuro apenas iluminado por esos puntos titilantes. 

Cualquier mapa celeste es una forma de organización, sí, pero también una hoja para escribir a dónde nos lleva el pensamiento cuando empezamos a poner líneas entre las estrellas. Las constelaciones son un lugar donde comulgan el cielo, la ciencia y las historias que hemos construido como sociedad y que creamos para organizarnos, para que algo nos una. Este libro es un ejemplo de esto.

Atlas de las constelaciones
Susanna Hislop y Hannah Waldron
Editorial Errata Naturae
209 páginas