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silvia.gil

Los hechizos perdidos

En lo alto del otero, el viejo roble resiste: con su ancha cornamenta, herido por un incendio, con la copa deshojada, mantiene su posición.

No deja de ser sorprendente que la vida se presente en la Tierra de formas tan diversas; ni siquiera hay que escalar altas montañas o adentrarse por complicados bosques o descender un poco en el mar para ser testigo de todas las posibilidades de la vida. Los árboles que vemos por la ventana, los pájaros que escuchamos en el día y los insectos que parecen intensificarse en la noche son, a pesar de lo cotidiano, objetos naturales complejos que si miramos con atención pueden desplegar asombro y preguntas. Hay quienes han visto tanto en plantas y animales, que incluso les rezan. 

No hay que estar adscrito a ninguna religión para mirar la naturaleza con pasmo, para querer detenerse sobre ella hasta estar en sintonía con el misterio que guarda; el autor  y alpinista Robert Macfarlane hizo Los hechizos perdidos como una colección de plegarias, de versos que guían la observación y que van revelando algunas de las particularidades del mundo y de las trazas de la vida. Dice que son hechizos para pronunciar en voz alta aunque podrían incluso cantarse; su escritura es simple y sonora sin dejar de documentar lo que sabemos sobre cada una de las especies mencionadas. 

Son parte de esta colección liebres, lechuzas, polillas, flores blancas y rojas, focas, zorros, sauces y abedules que la escritora, ilustradora y caminante Jackie Morris dibujó con una paleta acogedora parecida a la idea del otoño. Palabras como “Soporta el frío y se esfuma, perdida bajo el nevazo, el granizo y la cellisca” se nombran para describir la liebre de montaña y otras como “Millar de pequeños soles que alzan al cielo el rostro” describen las margaritas. Por el detalle de las ilustraciones y el dinamismo con el que se distribuyen en las páginas este es un libro para leer y mirar, para sumergirse. 

Las distintas especies no solo se nombran y describen sino que los autores las ubican en los paisajes que habitan, mapean los viajes que hacen y cuentan cómo se relacionan con el tiempo. Juntos son un ecosistema de aves que persiguen el ruido para acallarlo, de animales que prefieren las laderas del mar, de plantas que viven acompañadas. En su redacción y construcción hay algo de antiguo, es como un viejo cancionero para exploradores o un poemario natural ilustrado para quienes se maravillan. 

Los hechizos perdidos 

Robert Macfarlane y Jackie Morris

Nórdica Libros

238 páginas

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