Lo que veo en el cielo nocturno, cuando logro verlo, es una postal luminosa de un momento que ya no existe, pero que sigue vivo en ese reflejo. Como el recuerdo de mi madre del momento en que nací. 

Nona Fernández

Las Voyager, cuenta la escritora chilena Nona Fernández, son dos sondas exploratorias lanzadas por la NASA en 1977 equipadas con cámaras, sensores de luz y radares de sonido puestos allí para medir e interpretar la temperatura, el color, las ondas de plasma, la energía de las partículas y con esto registrar pedazos de universo. En la información que envían a la Tierra, hay una memoria de eso que ningún humano ha visto.

El registro de la memoria, tanto de los cuerpos celestes destinados a mutar, como de la humanidad, igualmente destinada al cambio, es un ejercicio que nos permite acceder al pasado incluso cuando nadie lo recuerda. Esto nos lleva a construir símbolos, historias comunes, pensamientos colectivos e investigaciones que nos permiten entender de qué estamos hechos, cómo somos posibles. Nona Fernández escribe este ensayo haciendo el mismo ejercicio de registro que hacen las sondas Voyager; utiliza las herramientas con las que está equipada –sus sentidos–, para contarnos una parte de su historia en la que convergen la memoria, ser hija, ser madre y ser miradora de estrellas.

El ensayo comienza con ella acompañando a su madre a hacerse un examen donde puede ver la configuración neuronal de su cerebro. Estas luces en la pantalla la hacen pensar en las fotos o imágenes generadas del universo y allí arranca un listado de paralelos y metáforas que muestran cómo las historias que hemos construido al observar el cielo se encuentran con la memoria de nosotros como seres humanos, nuestro trasegar político y nuestro miedo a perecer. El cielo, en Voyager, es un contenedor más del afán humano por consignar lo pretérito y por dejar el apunte de nuestra existencia.

Uno de los paralelos que sobresalen en la narración que hace Nona Fernández es cómo Amnistía Internacional, con el proyecto ‘La constelación de los caídos’, buscaba nombrar algunas constelaciones con los 26 nombres de los ejecutados en el desierto de Atacama por la Caravana de la Muerte en 1973, víctimas de la dictadura militar liderada por Augusto Pinochet. Este es un claro ejemplo del uso del cielo para dejar el trazo de nuestros recuerdos. De este tipo de historias está hecho Voyager.

Voyager
Nona Fernández 
Editorial Penguin Random House
179 páginas